
A pesar de que es difícil entenderse, en Moscú uno siente una extraña mezcla de encanto y temor, la Plaza Roja está repleta de historia y de espanto, acompañada con la colorida y majestuosa Catedral de San Basilio, Kremlin, cuyas iglesias pertenecientes al siglo pasado, siglo XV, se perciben las pisadas silencisas de Iván “El terrible”, las cúpulas brillosas contrastan con el gris de los edificios añejos.
La gente camina con sus rostros fríos, ropas coloridas y se percibe mucha tristeza, podemos admirar los museos de las Fuerzas Armadas y del Espacio, además la Catedral de Cristo El Salvador.
Arribamos en tren a la “ciudad de los zares“, en la época de las noches blancas, cuando parece que el sol no quiere ocultarse, es muy difícil que se imaginen los contrastes del pasado que se encuentran entre los puentes, malecones, canales, los Palacios de Invierno y de Verano, la fortaleza de Pedro y Pablo y la iglesia de la Resurrección.
Recorrermos el río Neva para descubrir la apertura de los puentes y allí realizar nuestro primer deseo, un viaje encantador, repleto de historia y bellezas naturales.


